{"id":9,"date":"2025-05-11T22:00:00","date_gmt":"2025-05-11T22:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/?p=9"},"modified":"2025-08-30T22:04:07","modified_gmt":"2025-08-30T22:04:07","slug":"el-beto-corbalan","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/2025\/05\/11\/el-beto-corbalan\/","title":{"rendered":"El Beto Corbal\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p>A&nbsp;<em>El Beto<\/em>&nbsp;Corbal\u00e1n lo vieron volver un mi\u00e9rcoles, justo despu\u00e9s de las once. La hora en que el sol parte la calle y la gente se esconde detr\u00e1s de las persianas bajas. Nadie espera a nadie a esa hora. Lo vieron venir por la ruta 26, solo, con un bolso gastado y una barba reseca que no le conoc\u00edamos. No era r\u00e1pido ni lento. Caminaba como si supiera el camino de memoria, pero sin apuro. Nadie ven\u00eda ya por la 26. Eso ya lo hac\u00eda diferente. Ni malo, ni bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>En Sabsac, cuando uno se va, no se vuelve f\u00e1cil. Y si vuelve, no se vuelve igual. Por eso lo miraban desde lejos. Desde la vereda de&nbsp;<em>La Josefina<\/em>, que barriendo con desgano se le torci\u00f3 un poco la escoba cuando lo vio pasar. Desde la puerta de la ferreter\u00eda de&nbsp;<em>Los Heredia<\/em>, que dejaron el mate sin cebar. Desde la cancha chica, donde&nbsp;<em>El Rulo L\u00f3pez<\/em>&nbsp;dej\u00f3 de patear la pelota y se qued\u00f3 con la mirada clavada como si estuviera contando los pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dijo, como siempre se dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No puede ser&nbsp;<em>El Beto<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014O es un hermano\u2026 uno que no sab\u00edamos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014O vino a buscar algo que dej\u00f3 enterrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero los gestos no mienten.<\/p>\n\n\n\n<p>Se pasa la mano por la nuca, dijeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sonr\u00ede cuando se le cae algo, dijeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Camina con la punta del pie abierta, dijeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Es&nbsp;<em>El Beto<\/em>. Y punto.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Beto<\/em>&nbsp;no hablaba mucho antes. Ahora menos. Pero en los pueblos como Sabsac, el silencio no es vac\u00edo. Ac\u00e1 el silencio es una forma de conversaci\u00f3n. Hay palabras que no se dicen porque el otro ya las sabe. O porque no hace falta traerlas de vuelta.&nbsp;Ac\u00e1 las pausas son largas, y si uno mira bien, en el medio de ese hueco las cosas se dicen igual. Con un gesto, con una mirada, con un \u201caj\u00e1\u201d o con un mate que se pasa sin apuro.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Beto<\/em>&nbsp;se mov\u00eda as\u00ed. Con ese lenguaje. Y tal vez por eso, cuando volvi\u00f3, nadie lo apur\u00f3. Nadie le pregunt\u00f3 d\u00f3nde anduvo esos veinte a\u00f1os. No se estila. Porque en el fondo \u2014y esto ac\u00e1 lo sabemos todos\u2014 cuando uno se va tanto tiempo es porque hay algo que no se puede contar sin que sea con silencios o con la mirada. Y romper la mirada, en Sabsac, es peor que romper un hueso. Duele. Se castiga.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando&nbsp;<em>El Beto<\/em>&nbsp;se fue, dej\u00f3 un juego de sillas a medio hacer. Cuatro sillas desarmadas. La madera cortada, las patas sin ensamblar. La cola seca como piedra. \u00c9l nunca dejaba un trabajo por la mitad. Era cosa sabida. Por eso, cuando desapareci\u00f3, se supo que no se hab\u00eda ido de paseo. Se fue a encontrar con ese silencio que despu\u00e9s iba a diseminar veinte a\u00f1os despu\u00e9s, pero ten\u00eda que lijarlo. Esperar que seque para poder ensamblarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dijeron muchas cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Que hab\u00eda matado a un tipo en la feria de Pico y estaba escondido en Chile.<\/p>\n\n\n\n<p>Que anduvo de guardaespaldas de un pol\u00edtico en Mendoza.<\/p>\n\n\n\n<p>Que se hab\u00eda metido en un negocio con los Egu\u00eda y hab\u00eda salido perdiendo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Josefina<\/em>&nbsp;juraba que lo hab\u00edan visto en Comodoro, vendiendo cuchillos. No le cre\u00edmos, porque&nbsp;<em>La Josefina<\/em>&nbsp;no quiere decir que una noche de invierno se fue con el Beto Corbal\u00e1n a sacarse las ganas que se ten\u00edan desde el colegio secundario. No los vimos, pero se sabe porque se queda callada a los gritos cada vez que alguien silencia las conquistas amorosas del Beto.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Rulo L\u00f3pez<\/em>&nbsp;jura, aunque cada vez que jura es porque miente, que alguien le dijo que hab\u00eda estado en Paraguay, metido en carreras de galgos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca se supo. Ni se supo si alguna era cierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando volvi\u00f3, fue derecho a la carpinter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Levant\u00f3 la persiana oxidada, abri\u00f3 las ventanas y barri\u00f3 despacio. Los que pasaban fing\u00edan no mirar, pero todos miraban.<\/p>\n\n\n\n<p>Se puso a terminar las sillas. En silencio. Sin decir nada mientras miraba la textura de la madera.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada d\u00eda lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>A las ocho en punto, entraba.<\/p>\n\n\n\n<p>Lijaba con la mano firme.<\/p>\n\n\n\n<p>Encajaba las piezas como si supiera el lugar de cada una sin mirarlas.<br>A la tarde, sal\u00eda a comprar pan. Saludaba con un gesto seco, un leve movimiento de la cabeza. La sonrisa esa, chiquita, solo aparec\u00eda cuando el serrucho se trababa o cuando se le ca\u00eda un tarugo al piso.<\/p>\n\n\n\n<p>Ac\u00e1 se aprende pronto que el que vuelve sin decir, no quiere que se le pregunte. Y no se le pregunta. O se le pregunta en silencio. O a los gritos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay quienes dicen que no es falta de palabras. Es una forma de protegerse.<\/p>\n\n\n\n<p>Decir poco es cuidar al otro de lo que uno sabe.<\/p>\n\n\n\n<p>Decir poco es dejar que cada uno arme su versi\u00f3n y se quede con la que m\u00e1s le conviene.<\/p>\n\n\n\n<p>Y&nbsp;<em>El Beto<\/em>&nbsp;lo entend\u00eda mejor que nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l no dijo nada y nadie le dijo nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese domingo trabaj\u00f3 menos porque el sol se escondi\u00f3 antes. Peg\u00f3 solo dos sillas. El resto las acomod\u00f3, a medio terminar, una junto a la otra, como si esperaran visita. Se lav\u00f3 las manos en la pileta del patio. Se sent\u00f3 en el umbral con las piernas estiradas. Mir\u00f3 un rato largo el polvo suspendido en el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se muri\u00f3 ah\u00ed el d\u00eda que ten\u00eda que hacerlo, pero no el que hubiera querido.<\/p>\n\n\n\n<p>En Sabsac la gente espera al domingo para morirse. No se sabe por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos dicen que es porque ese es el d\u00eda en que se pasan las recetas por tel\u00e9fono. Y para entender que muri\u00f3 el Beto Corbal\u00e1n, antes hay que explicar c\u00f3mo se condimenta el lech\u00f3n. Porque si no se entiende eso, no se entiende ni c\u00f3mo se termina una vida ni c\u00f3mo se come esa carne como Dios manda.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos dicen que es porque el lunes es un feo d\u00eda para morirse.<\/p>\n\n\n\n<p>Otros, que es porque los velorios en domingo duran m\u00e1s y hay m\u00e1s gente para despedir. La verdad, nadie sabe. Y si lo saben es solo porque lo callan. Como tampoco dicen, aunque se sepa, qu\u00e9 hizo&nbsp;<em>El Beto Corbal\u00e1n<\/em>&nbsp;esos veinte a\u00f1os fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Las sillas quedaron en la carpinter\u00eda. Cuatro, como siempre se dijo. Dos ensambladas y dos por terminar, pero casi listas. Cada una con su forma, su peso, su madera elegida con pinza. No estaban olvidadas: estaban esperando. Y un d\u00eda, se not\u00f3 que no estaban m\u00e1s. Alguien se las llev\u00f3. Nadie vio qui\u00e9n. Y nadie pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay cosas que, cuando se terminan, se dejan as\u00ed. Sin mo\u00f1os, sin avisos, sin firma. Se cierran solas. Y se entiende que no hace falta m\u00e1s. Que preguntar es como romper lo poco que qued\u00f3 entero. Las sillas no se vendieron. No se regalaron. No aparecieron en ninguna casa. Ni en lo de la Josefina, ni en lo de los Egu\u00eda. Se fueron. O las fueron. Y nadie volvi\u00f3 a hablar del tema. Porque hay cosas que, cuando terminan, se dejan as\u00ed: \u201cA lo Corbal\u00e1n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuento publicado en <a href=\"https:\/\/historiasnarradas.com\/2025\/05\/11\/el-beto-corbalan\/\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/historiasnarradas.com\/2025\/05\/11\/el-beto-corbalan\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">www.historiasnarradas.com<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class=\"post-excerpt\">A&nbsp;El Beto&nbsp;Corbal\u00e1n lo vieron volver un mi\u00e9rcoles, justo despu\u00e9s de las once. La hora en que el sol parte la&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":10,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pagelayer_contact_templates":[],"_pagelayer_content":"","footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-9","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11,"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9\/revisions\/11"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}