{"id":184,"date":"2025-12-07T18:39:51","date_gmt":"2025-12-07T18:39:51","guid":{"rendered":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/?p=184"},"modified":"2025-12-11T18:42:19","modified_gmt":"2025-12-11T18:42:19","slug":"el-futbol-no-es-lo-que-parece","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/2025\/12\/07\/el-futbol-no-es-lo-que-parece\/","title":{"rendered":"El f\u00fatbol no es lo que parece"},"content":{"rendered":"\n<p>El f\u00fatbol no es lo que parece. O mejor: es mucho m\u00e1s que lo que parece. Eduardo Galeano lo sab\u00eda. Miraba la pelota rodar y ve\u00eda desfilar la historia entera del mundo: sus injusticias, sus alegr\u00edas robadas, sus trampas vestidas de ley, sus rebeliones disfrazadas de juego. El f\u00fatbol, dec\u00eda, no era un deporte sino un espejo \u2014sucio, agrietado, brillante\u2014 donde se reflejaba todo lo que importaba: la memoria, la magia, la rabia contenida de los que nunca tuvieron voz. Una cancha no es un rect\u00e1ngulo verde. Es un territorio en disputa. Un lugar donde el cuerpo dice lo que la pol\u00edtica calla. Donde once contra once se vuelve, sin aviso, una met\u00e1fora de todo lo dem\u00e1s. Y a veces, muy pocas veces, ocurre algo que va m\u00e1s all\u00e1 del resultado. Algo que queda grabado no en las estad\u00edsticas sino en la piel de un pa\u00eds entero. M\u00e1s adelante, en esta misma nota, compartiremos un cortometraje de ficci\u00f3n que intenta capturar algo de esa misma intensidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hubo un momento en que todos los hilos de la figura de Diego Armando Maradona \u2014el genio deportivo, el h\u00e9roe popular, el s\u00edmbolo pol\u00edtico, el dios humano\u2014 se anudaron con una fuerza casi m\u00edstica, fue el 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca de Ciudad de M\u00e9xico. Aquel partido entre Argentina e Inglaterra por los cuartos de final del Mundial no fue una competencia deportiva. Fue un escenario ritual, cargado de tensi\u00f3n hist\u00f3rica, emocional y geopol\u00edtica. Como se\u00f1alar\u00eda el antrop\u00f3logo Eduardo Archetti, el f\u00fatbol en Argentina funciona como un escenario privilegiado para la representaci\u00f3n de los dramas y mitos nacionales, y esa tarde fue, quiz\u00e1s, su apoteosis.<\/p>\n\n\n\n<p>La contienda tuvo lugar apenas cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de la derrota argentina en la Guerra de Malvinas. Las heridas segu\u00edan abiertas. No era necesario hablar de pol\u00edtica ni evocar a los ca\u00eddos para que el aire estuviera impregnado de un simbolismo que exced\u00eda por completo lo deportivo. En cada pase, en cada silbido, en cada mirada, vibraba una revancha latente. La cancha no era un campo de juego: era un teatro de la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos goles de Maradona en ese partido no fueron goles: fueron acontecimientos de una potencia pocas veces vista. Jorge Valdano los describi\u00f3 como un d\u00edptico que retrata las dos caras del ser argentino. El primero, la \u201cMano de Dios\u201d, fue un gesto il\u00edcito, una trampa disfrazada de fe, una transgresi\u00f3n que se volvi\u00f3 epopeya. Maradona, m\u00e1s tarde, lo definir\u00eda con una frase inolvidable: \u201cFue como robarle la billetera a un ingl\u00e9s\u201d. La met\u00e1fora es reveladora: no era un gol, era una inversi\u00f3n del orden. El oprimido que subvierte las reglas del poderoso.<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos de Guy Debord, puede leerse como una grieta en el espect\u00e1culo, una falla en la l\u00f3gica del simulacro que revela la pulsi\u00f3n subversiva de lo real. All\u00ed donde todo parec\u00eda controlado \u2014las c\u00e1maras, las repeticiones, los \u00e1rbitros, el sistema\u2014 emergi\u00f3 la anarqu\u00eda. Un acto de rebeli\u00f3n, de picard\u00eda, de justicia por otros medios. El periodista y relator V\u00edctor Hugo Morales se\u00f1al\u00f3, unos minutos antes del relato que lo inmortalizar\u00eda junto con el gol: \u201c\u00a1Que Dios me perdone lo que voy a decir: contra Inglaterra, hoy, incluso un gol con la mano vale!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo gol fue su reverso. Si el primero fue la astucia del despose\u00eddo, el segundo fue la majestad del genio. Una corrida de m\u00e1s de 60 metros, eludiendo a cinco jugadores ingleses, culminada con un toque sutil, casi inocente. Fue arte, fue belleza, fue hegemon\u00eda est\u00e9tica. Un gol que no necesit\u00f3 trampa porque hablaba desde el talento absoluto. Donde el primero transgred\u00eda, el segundo consagraba. Juntos, los goles construyeron una narrativa de redenci\u00f3n popular. La picard\u00eda y la destreza, la calle y el arte, el enga\u00f1o y la genialidad, el desquite y la consagraci\u00f3n. Fue la s\u00edntesis de un pa\u00eds en forma de jugada.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"Ese segundo\" width=\"700\" height=\"394\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/Cn6b7_Ycp7Q?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p><em><strong>El cortometraje de ficci\u00f3n fue realizado por Diego Mandelman, colaborador de historias narradas<\/strong><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no era una percepci\u00f3n period\u00edstica o un relato posterior. A\u00f1os m\u00e1s tarde, el propio Maradona confesar\u00eda lo que muchos intu\u00edan y que, por motivos diplom\u00e1ticos, se evitaba decir: \u201cEra como ganarle m\u00e1s que nada a un pa\u00eds, no a un equipo de f\u00fatbol. [\u2026] \u00cdntimamente sab\u00edamos que hab\u00edan muerto muchos pibes argentinos, que los hab\u00edan matado como pajaritos. [\u2026] Era mentira que no tuviera nada que ver con la guerra\u201d. En su relato, los jugadores ingleses eran, de manera simb\u00f3lica, avatares del enemigo imperial. Y la victoria en el c\u00e9sped funcionaba como una reparaci\u00f3n por la derrota en el campo de batalla. Era una venganza ritual, una justicia po\u00e9tica, una misa pagana celebrada a cielo abierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que qued\u00f3 de aquella tarde en el Azteca no fue un marcador. Fue una imagen que se reh\u00fasa a envejecer. Una sensaci\u00f3n de justicia imposible, de revancha irracional, de belleza que no obedece a ninguna ley. Maradona no gan\u00f3 un partido: logr\u00f3 algo que nadie m\u00e1s pudo lograr. Y ese algo sigue vibrando. En cada potrero, en cada tribuna, en cada relato que vuelve sobre esos minutos como quien regresa a un sue\u00f1o del que no quiere, o no puede, despertar. El f\u00fatbol, como dec\u00eda Galeano, es un espejo. Y en M\u00e9xico 86, ese espejo devolvi\u00f3 la imagen de un pa\u00eds entero reconoci\u00e9ndose en la gambeta de un hombre que corr\u00eda descalzo sobre la historia. Quiz\u00e1s por eso no lo olvidamos. Porque en el fondo sabemos que aquello no fue un juego. Fue otra cosa. Algo que todav\u00eda no tiene nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Nota publicada en <a href=\"https:\/\/historiasnarradas.com\/2025\/12\/07\/el-futbol-no-es-lo-que-parece\/\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/historiasnarradas.com\/2025\/12\/07\/el-futbol-no-es-lo-que-parece\/\">Historias Narradas<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class=\"post-excerpt\">El f\u00fatbol no es lo que parece. O mejor: es mucho m\u00e1s que lo que parece. 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