{"id":138,"date":"2025-03-03T12:01:00","date_gmt":"2025-03-03T12:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/?p=138"},"modified":"2025-09-03T12:21:21","modified_gmt":"2025-09-03T12:21:21","slug":"mario-levrero-el-arte-de-pensar-en-voz-baja","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/aluvionazul.com.ar\/notas\/2025\/03\/03\/mario-levrero-el-arte-de-pensar-en-voz-baja\/","title":{"rendered":"Mario Levrero: el arte de pensar en voz baja"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Sobre la escritura como proceso, lo cotidiano como misterio y el yo como enigma narrativo. Una lectura del universo Levrero desde su zona m\u00e1s ind\u00f3cil y luminosa: la conciencia en acci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hay escritores que cuentan lo que pasa. Y hay otros \u2014raros, persistentes, necesarios\u2014 que se atreven a contar <strong>lo que pasa mientras uno piensa en lo que pasa<\/strong>. Mario Levrero pertenece a esta segunda estirpe: la de los narradores de la conciencia, los exploradores de la mente en tiempo real, los que descubren en lo trivial un agujero negro hacia lo esencial.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus libros no se persigue una historia: se la esquiva con elegancia, se la olvida con gracia, se la posterga porque el gato pidi\u00f3 comida o porque hay que prender la computadora, pero el cable no aparece. La novela, en Levrero, es una excusa. Lo que importa es la voz. Y esa voz \u2014llena de dudas, fobias, obsesiones, ternuras y man\u00edas\u2014 nos arrastra hacia un espacio que se parece mucho a nuestra propia mente cuando nadie nos mira.<\/p>\n\n\n\n<p>Es esa forma de narrar <strong>el yo como terreno movedizo<\/strong> lo que vuelve a Levrero inconfundible. Lo dej\u00f3 claro en <em>El discurso vac\u00edo<\/em> (1996), donde empieza con una serie de ejercicios caligr\u00e1ficos para mejorar su letra \u2014s\u00ed, su letra\u2014 y termina desnudando su conciencia con una honestidad brutal. \u201cEstoy tratando de modificar mi pensamiento modificando la forma de mi escritura\u201d, escribe. Como si corregir una curva en la letra \u201cg\u201d pudiera traerle algo de paz mental.<\/p>\n\n\n\n<p>La operaci\u00f3n se repite en su obra p\u00f3stuma y m\u00e1s ambiciosa, <em>La novela luminosa<\/em> (2005), donde conviven dos zonas: el \u201cDiario de la beca\u201d \u2014una cr\u00f3nica desordenada, minuciosa, a veces hilarante, a veces desesperada\u2014 y una \u201cnovela\u201d prometida que nunca termina de llegar. Mientras la beca Guggenheim espera resultados, Levrero nos ofrece digresiones sobre la ansiedad, la televisi\u00f3n, la pereza, los tr\u00e1mites, los sue\u00f1os y los ruidos del edificio. Y, sin embargo, algo m\u00e1gico sucede: lo que parec\u00eda disperso se vuelve revelador. Como si escribir sin rumbo fuera, en el fondo, la forma m\u00e1s honesta de escribir.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero antes de llegar a esa cumbre del yo expandido, Levrero transit\u00f3 otros terrenos. En <em>La ciudad<\/em> (1970), <em>Par\u00eds<\/em> (1970) y <em>El lugar<\/em> (1982), explora un realismo on\u00edrico que recuerda a Kafka, aunque con menos pesadilla y m\u00e1s absurdo dom\u00e9stico. Sus personajes vagan por espacios vac\u00edos, buscan puertas que no abren, cumplen reglas sin sentido. Son novelas sin mapa, pero no sin clima. Levrero ya estaba entrenando la t\u00e9cnica del desconcierto, pero a\u00fan no la usaba sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego vendr\u00eda su etapa m\u00e1s l\u00fadica, con obras como <em>Fauna<\/em> o <em>Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo<\/em>, donde el humor absurdo, el policial par\u00f3dico y la ruptura de toda convenci\u00f3n narrativa lo acercan a una suerte de realismo delirante. All\u00ed el autor se burla del lector, del narrador, de s\u00ed mismo. \u201cEsta novela no es buena ni mala: es inevitable\u201d, escribe en un gesto de iron\u00eda y destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun as\u00ed, es en sus diarios, cuadernos y textos confesionales donde Levrero alcanza una profundidad singular. Porque no se trata solo de hablar de uno mismo, sino de hablar desde uno mismo. De aceptar la lentitud, el caos, la disonancia. De escribir con la conciencia despierta, aunque est\u00e9 de mal humor, con sue\u00f1o, con culpa. Escribir, incluso, cuando no hay nada que decir.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Diario de un canalla<\/em> (1992), apunta: \u201cYo s\u00f3lo quer\u00eda escribir un pensamiento, uno solo, pero verdadero.\u201d Y uno entiende que eso es lo que siempre estuvo buscando: un pensamiento verdadero. No una gran idea. No un concepto brillante. Algo m\u00e1s fr\u00e1gil, m\u00e1s t\u00edmido, m\u00e1s esquivo: <strong>un pensamiento que no mienta<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Levrero escribi\u00f3 como viv\u00eda, o vivi\u00f3 como escrib\u00eda, no importa. Lo cierto es que hizo de la introspecci\u00f3n una forma de narrar, del desgano una est\u00e9tica, del pensamiento err\u00e1tico una arquitectura. Y as\u00ed nos ense\u00f1\u00f3 \u2014sin querer ense\u00f1arnos nada\u2014 que una mosca en la habitaci\u00f3n puede ser m\u00e1s literaria que un crimen perfecto. Que una biblioteca desordenada, un sue\u00f1o recurrente, una mala conexi\u00f3n a internet pueden ser escenas tan reveladoras como cualquier cl\u00edmax. Que el arte de pensar en voz baja tambi\u00e9n puede ser literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>O lo \u00fanico que realmente lo es.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces, cuando no puedo escribir, pienso en Levrero frente a su computadora, acariciando a su gato, mirando el techo, odiando el tel\u00e9fono. Me acuerdo de que no hace falta avanzar. Que a veces, lo \u00fanico necesario, es quedarse en el lugar. Pensando. Esperando. Escribiendo como se puede. Con la conciencia encendida, aunque lastime.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para empezar a leer a Levrero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 <em>La novela luminosa<\/em>: para perderse en su mente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 <em>El discurso vac\u00edo<\/em>: para entender su po\u00e9tica del yo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 <em>Nick Carter&#8230;<\/em>: para re\u00edrse del absurdo narrativo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 <em>La ciudad<\/em>: si te gusta el Kafka rioplatense.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 <em>Todo el tiempo<\/em>: si busc\u00e1s la ternura sin artificios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p class=\"post-excerpt\">Sobre la escritura como proceso, lo cotidiano como misterio y el yo como enigma narrativo. 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